viernes, 30 de diciembre de 2011

FELIZ 2012 A TODOS


El año que acaba ha sido duro y convulso: revoluciones, terremotos, maremotos, mediocridades y corrupciones políticas, ataques contra la historia, etc, aunque también ha habido momentos buenos y para recordar.

Una nueva Europa y una nueva España se ciernen ante nosotros. Todos, absolutamente todos, deberemos apoquinar para intentar sacar adelante la situación que nos han dejado unos malos gobernantes en España y Europa y unos corruptos banqueros en EEUUs. Pero ahora no es momento de ponerse dramáticos y es por ello que desde Reinado de Carlos II quiere desear a todos mis amigos y lectores blogueros un feliz año 2012 y ya tendremos tiempo de apretarnos los machos a partir del 2 de enero.

Al que aquí escribe le espera un duro inicio de año por lo que mis entradas se reducirán considerablemente, aún así intentaré seguíos lo más que me sea posible.

Lo dicho: FELIZ 2012 Y OS DESEO LO MEJOR A VOSOTROS Y LOS VUESTROS.

Para los rockeros más clásicos y para los que no lo sean, aquí os dejo dos legendarios temas de Black Sabbath, que los disfrutéis:

martes, 27 de diciembre de 2011

El teatro durante la minoría de edad de Carlos II (Parte I)

1. Retrato de Carlos II niño enlutado (h. 1665), escuela de Frans Luycx.

La controversia sobre la asistencia de Carlos II a las representaciones teatrales y la misma existencia de éstas se inició tras su inmediato acceso al trono. El modo en que la reina regente doña Mariana de Austria emitió el 22 de septiembre de 1665, el decreto para respetar el período de luto por la muerte de Felipe IV incluía una novedad que años más tarde sería argumento en el discurso defendido por los detractores de las comedias. Doña Mariana las prohibía “enteramente (…) hasta que el rey mi hijo tenga edad para gustar de ellas o yo mandare otra cosa” (1).


Por esta razón, cuando el 17 de noviembre de 1666 la villa de Madrid presentó un memorial ante el Consejo de Castilla en el que pedía su restablecimiento para poder socorrer a los hospitales con sus rendimientos (2), cinco miembros se negaron a admitir la propuesta del Concejo a través de un voto particular y tomaron como argumento a su favor los términos en que se había redactado la prohibición de 1665 (3). Los cinco años del Rey no eran edad suficiente para que pudiera “gozar” de ellas ni dentro ni fuera de Palacio. La resolución sobre si los actores debían volver a los tablados era responsabilidad de la Regente y era a ella a la que los enemigos del teatro debían convencer.


Al principio doña Mariana de Austria se sintió inclinada a restablecer las comedias de las que había gustado tanto durante su juventud en el Salón Dorado y el Coliseo del Buen Retiro. De hecho Cotarelo y Mori cita una Real Cédula emitida el 30 de noviembre de 1666 en la que quedaban restablecidas (4). Sin embargo, la presión ejercida en los círculos más próximos a la Reina Madre a través de su confesor, el padre Juan Everardo Nithard, abrieron un período de discusión que se resolvió a favor de los detractores. Fue un debate que afectó sobre todo a la actividad teatral madrileña pues es sabido que Calderón estrenó en otoño de 1667 en el corral de la Montería de Sevilla dos de sus producciones (5). Pero mientras esto ocurría en la periferia peninsular, los que se oponían al restablecimiento de las representaciones sostuvieron su postura ante el Consejo de Castilla con múltiples argumentos eruditos. Constituían este núcleo de resistencia don Antonio de Contreras, don Diego de Ribera, Francisco Ramos del Manzano, don García de Medrano y don Antonio de Vidania. De todos ellos el elemento clave era Ramos del Manzano (1604-1683), preceptor de Carlos II y firme opositor a los espectáculos teatrales.

2. Escenografía para "Los celos hacen estrellas" de Vélez de Guevara (1672), representada en el Salón Dorado del Real Alcázar.

Don Francisco era natural de Vitigudino (Salamanca), fue nombrado maestro de Carlos II a sus 63 años, el 5 de junio de 1667. De familia hidalga aunque corta de caudal, con el nombramiento como preceptor de Carlos II completaba una larga y fructífera carrera iniciada en la Universidad salmantina donde con sólo 20 años, tras cursar estudios de jurisprudencia, ocupó la cátedra de Código. Allí transcurrió su vida hasta 1644 al tiempo que promocionaba a puestos de mayor importancia académica. Comenzó a servir a la Monarquía en oficios de responsabilidad en la década de los ’40, primero como Presidente del Senado de Milán. Más tarde fue nombrado Regente del Consejo de Italia, Consejero de Castilla, Asesor de Cruzada y Gobernador con prerrogativas de Presidente del Consejo de Indias con el apoyo del Conde de Peñaranda, a cuya sombra realizó esta importante carrera. Entre sus más preciados servicios, se cuenta el Memorial que redactó para el papa Alejandro VII en defensa del derecho de la Corona de Castilla a seguir presentando obispos para las sedes portuguesas vacantes, a pesar de la rebelión de aquel reino y de que Juan IV de Bragança se hubiera autoproclamado rey en aquellas tierras. También asesoró a don Luis de Haro en las conferencias que mantuvo con Mazarino para redactar la Paz de los Pirineos (1659). En realidad, puede considerarse suya toda la parte legal del tratado.


Los argumentos exhibidos en el voto particular de 1666 contra el restablecimiento de las comedias eran contundentes. Ni la propensión natural de la mayor parte de la población hacia este divertimento, ni el pretexto del socorro a los hospitales, ni la política de divertir al pueblo de sus ahogos, ni siquiera el ornato que daban estas manifestaciones a las fiestas del Corpus, eran razones suficientes para reponerlas. Tampoco manifestar con festivas demostraciones el regocijo colectivo o cortesano por acontecimientos felices que hubieran acaecido a la Familia Real. Los escándalos de las vidas de los comediantes y relajación en los contenidos de lo que representaban constituían motivos suficientes para mantener el silencio en los escenarios.


No consta que hubiera comedias en los salones regios ni en los corrales madrileños durante 1667 y 1668. Sus títulos sirvieron, sin embargo, para que numerosos papeles de publicística elaborados en las imprentas proclives a don Juan José de Austria (curiosamente hijo de comedianta), definieran la personalidad y la situación por la que en esos momentos atravesaban los más destacados protagonistas de la vida política. Al regio bastardo se le aplicaban los siguientes: “Galán, valiente y discreto”, “Lo que merece un soldado”, “El defensor de su patria”, “El príncipe perseguido”, “El hijo de sí mismo”, “La fuerza de la sangre”, “El hijo del Águila”, “En cada paso un peligro”, “Cada cual lo que le toca”, “Contra el honor no hay poder” o “La Restauración de España” (6), mientras los que se adjudicaban al padre Nithard eran menos halagadores: “El monstruo de la Fortuna”, “La perdición de España”, “Engañar para reinar”, “Perderse por temerario” o “La avaricia rompe el saco”.


Títulos de comedias que reflejaban el ambiente que envolvió los sucesos acaecidos a comienzos de 1669. El valido jesuita enemigo del teatro desapareció de la escena política. Su caída, pergeñada entre febrero y marzo de ese año, fue el fruto de la presión ejercida por don Juan José de Austria para hacerse con las riendas del gobierno. Finalmente las cesiones de doña Mariana de Austria propiciaron un acuerdo entre las partes. Don Juan José renunció a avanzar sobre Madrid mientras la Junta de Gobierno y la Reina Regente aceptaban la expulsión de Nithard, la liberación de Mateo Patiño (7), secretario de don Juan acusado de intentar urdir un atentado contra el valido de doña Mariana, y la remodelación de la propia Junta de Gobierno. También se impulsó la creación de una Junta de Alivios desde la que algunos partidarios de don Juan podrían tener voz en el gobierno de la Monarquía.


3. Escenografía para "Andrómeda y Perseo" de Calderón (1653), representada en el Coliseo del Buen Retiro.

Aquel forzado cambio de rumbo político ocasionó mudanzas en los cargos de Palacio y ello deparó un ambiente más propicio para que los escenarios regios recobraran su actividad. Recuérdese que el Mayordomo Mayor era el encargado de organizar las fiestas teatrales en el Alcázar, mientras el Alcaide del Buen Retiro lo hacía en el Coliseo. Antes de 1670 el Conde de Aranda desempeñaba el puesto de Mayordomo Mayor de la reina doña Mariana. Sin embargo, éste estuvo involucrado en un supuesto intento de asesinato de don Juan José, por lo que después del acuerdo al que se había llegado en Torrejón de Ardoz entre doña Mariana y el bastardo, se impuso una remodelación de la Corte que pretendía dar una imagen más ponderada de la correlación de fuerzas existentes. Los tibios respecto a don Juan adquirieron mayor protagonismo. El IX Duque del Infantado, don Gregorio de Silva y Mendoza, fue nombrado Mayordomo Mayor de la Reina si bien los abiertos partidarios del hermano del Rey no encontraron puestos de honor cerca de los monarcas. Ni el Duque de Alba, ni el hijo de éste, don Antonio Álvarez de Toledo, ni el Conde de Monterrey, que fue nombrado gobernador de los Países Bajos, tuvieron su oportunidad.


En esta restructurada Corte sin valido, el método para obtener peso político e imagen de influencia y poder mediante la promoción de espectáculos cortesanos (como en tiempos de Felipe IV hiciera el Marqués de Heliche o el Duque de Medina de las Torres) volvió a contemplarse, y fue entonces cuando resurgió la polémica sobre la presencia de teatro en Palacio.


Mucho se había dicho sobre el efecto pernicioso de las comedias en la educación del Príncipe, pero ahora se dejaron oír voces que argumentaban lo contrario y que habían quedado eclipasadas en su momento por el peso que venían ejerciendo los que ostentaban el poder. Ya en 1666 Juan de Zabaleta (1612-c.1670), hombre de juicio y virtudes incuestionables para sus contemporáneos (8), había dado a la imprenta una obra titulada “El Emperador Cómodo. Historia discursiva según el texto de Herodiano” en la que defendía, igual que en “El Conde Matisio” (1652), que la historia por medio de casos famosos podía enseñar al hombre (y de paso al Príncipe), a corregir sus faltas. Para que sus contenidos pudieran llegar con más facilidad a los gobernantes, un método recomendado entre otros era el teatro que se representaba ante ellos.


También en 1671 Pedro González de Salcedo, fiscal del Consejo de Castilla, escribió una obra dedicada a doña Mariana de Austria titulada “Nudrición Real”, en la que proponía el tipo de educación que debían recibir los futuros monarcas entre los siete y los catorce años. El hilo conductor de este manual eran las leyes promulgadas por Fernando III el Santo que, según el autor, marcaban la línea a seguir para afrontar la óptima educación de un rey. Además de ocuparse en sendos capítulos de la formación religiosa y sus modales, dedicaba una parte importante al estado de ánimo que debía ser alegre, y a los pasatiempos que debía frecuentar. Recomendaba juegos de alegría y entretenimiento entre los que incluía la música, tan presente en el teatro palaciego de la segunda mitad del siglo XVII, y también la asistencia de “gentes de gusto y alegría” para que:


deleyten, alegren y entretengan con música decente, con juegos honestos, con dichos agudos y modestos, con razones y cuentos prudentes y con acciones reverentes, tales, que convengan y sean admisibles en las dos naturalezas, Humana y Rea de los Príncipes”.


Aunque este comentario parece aludir directamente a la presencia de bufones en la Corte, se sabe la delgada línea que separaba a éstos de los actores de modo que los más destacados tocaban ambos registros sin apenas distinción. Era el caso de Cosme Pérez, el famoso Juan Rana, que meses antes de que el libro de González de Salcedo viera la luz había hecho su triunfal reaparición teatral en la Corte a pesar de su avanzada edad.

(continuará)


Fuente principal:


* Sanz Ayán, Carmen: “Pedagogía de reyes: el teatro palaciego en el reinado de Carlos II”. RAH, Madrid, 2006.


Notas:


(1) Maura, Duque de: “Carlos II y su Corte. Ensayo de reconstrucción biográfica”. Madrid, pag. 203.


(2) Cotarelo y Mori, E.: “Bibliografía de las controversias sobre la licitud del teatro en España”. Universidad de Granada, 1904, pag. 425.


(3) Ídem, pag. 176.


(4) Ídem, pag. 635-636.


(5) Eran “El Monstruo de los jardines” y la “Virgen de los Remedios”.


(6) BNM, mss. 17.443.


(7) En el mismo pasquín citado de la Biblioteca Nacional (mss. 17.443) se aplicaban a este personaje los siguientes títulos de comedias: “La prisión sin culpa”, “Caer para levantarse”, “El criado leal”, “La obediencia castigada”.


(8) Tanto Fray Diego de Quiñones en su censura de la obra “El Conde Matisio” redactada en 1652 como el licenciado José de Salinas, le reconocían como varón de intachables costumbres.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Ausencia

Debido a encontrarme de mudanza y no contar aún con internet en mi nueva casa os aviso a todos mis lectores que me encontraré durante un tiempo ausente de la blogosfera.


Nos vemos cuando las nuevas tecnologías vuelvan a mi.






CAROLVS II

domingo, 11 de diciembre de 2011

Las esculturas de don Juan José de Austria (III): el busto del Museo Cerralbo




1. Busto de don Juan José de Austria en el Museo Cerralbo de Madrid (h. 1648).

En el salón de baile del actual Museo Cerralbo, que fuera residencia del destacado carlista don Enrique de Aguilera y Gamboa (1845-1922), XVII Marqués de Cerralbo, destaca entre la riqueza romántica del mismo un busto en mármol de don Juan José de Austria que suele pasar desapercibido.

Son muy pocos los datos que sobre esta obra he conseguido recabar. Algunas fuentes lo citan como anónimo pero de factura napolitana, mientras que otras lo creen obra de François Christophe Dieussart (autor de la busto de don Juan en la Venerable Orden Tercera). Por mi parte, me decanto más por la primera opción debido a la juventud del rostro de don Juan que lo asemeja bastante al retrato ecuestre que del mismo realizó José de Ribera durante su estancia en Nápoles y que hoy es propiedad de Patrimonio Nacional. Por tanto, podríamos encuadrarlo en los años finales de la década de 1640.

Otro duda reside en porqué dicho busto se encuentra entre las obras propiedad del Museo Cerralbo. La respuesta a mis ojos parece sencilla: el XVII Marqués de Cerralbo, fundador del museo, era descendiente del que fuera caballerizo mayor de don Juan, don Juan Antonio Pacheco y Osorio Toledo de la Cueva, IV Marqués de Cerralbo, I Conde de Villalobos y virrey de Cataluña entre 1675 y 1676. Parece muy probable que el IV Marqués de Cerralbo fuese el propietario del busto del que era su señor y responsable de sus altos puestos, y que por herencia fuese pasando de generación en generación hasta el XVII Marqués.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Las esculturas de don Juan José de Austria (II): el busto en la Venerable Orden Tercera de Madrid

1. Busto de don Juan José de Austria, obra de François Christophe Dieussart (1657). Enfermería de la Venerable Orden Tercera de Madrid. Foto del autor.

En la época en la que don Juan José de Austria era gobernador de los Países Bajos, el exiliado Carlos II de Ingleterra se encontraba hospedado por Felipe IV en Brujas. El rey inglés participaba activamente en las reuniones de la guilda de alabarderos de Brujas (1), además de registrarse como un miembro más de dichas asociaciones, desarrollando un destacado patrocinio de las mismas. Precisamente un retrato en mármol negro suyo fue colocado en la gran sala de reuniones de la guilda de San Jorge de Brujas en 1656, que había sido realizado por uno de los miembros de la asociación, el escultor especializado en bustos de mármol François Christophe Dieussart (1600-1664).


Aunque no se tenga constancia documental de la vinculación de don Juan con ninguno de dichos “serments”, se cree que algún tipo de relación debió de mantener. Primero por la condición militar del bastardo, que le uniría más que ninguno de sus predecesores con dichas asociaciones y, sobre todo, porque se ha localizado un aviso a la cámara de cuentas de Brabante (28 de enero de 1658) de una petición de los maestros albañiles de la corte con las cuentas que se les debía de las reparaciones realizadas en la gran sala de la Maison du Roy llamada Groot Huis, centro de reuniones de la guilda de Dan Jorge en Bruselas (2). Probablemente se trate de algunas obras que llevó a cabo su predecesor en el cargo, el archiduque Leopoldo Guillermo, que había dotado a la institución con una alfombra y un escudo de armas (3). Pero si a eso se une el hecho de que existe un busto en mármol con el retrato de don Juan José de Austria en la Venerable Orden Tercera de Madrid, firmado y fechado por François Dieussart en 1657, muy similar al que hizo de Carlos II en Brujas para la guilda de alabarderos y para el archiduque Leopoldo Guillermo para el serment de San Jorge (hoy en el Kunsthistorisches Museum de Viena - imagen 2), se podría conjeturar que el busto de don Juan pudo ser realizado para alguna de dichas guildas, como la de San Jorge de Bruselas. Se sabe que Dieussart se educó en Roma (posiblemente junto a François Duquesnoy, trabajando para distintas cortes de la Europa protestante como la de Cristina de Suecia) y se estableció en Bruselas en 1656 siendo aprendiz de Vicent Anthoni, por lo que estaba activo en la Corte en los años que don Juan fue gobernador general y sólo más tarde, en 1661, se trasladó a Londres, un año antes de su muerte, para servir a los Estuardo.


2. Busto del archiduque Leopoldo Guillermo, obra de François Christophe Dieussart. Kunsthistorisches Museum de Viena. Foto del autor.

El problema estriba en que el citado busto de don Juan se conserva hoy en día en la enfermería de la Venerable Orden Tercera de San Francisco en Madrid (cercana a la basílica de San Francisco el Grande). Margarita Estella (4) que identificó la pieza como obra de Dieussart al localizar la firma y el año en el núcleo de la base de la escultura, no pudo averiguar el motivo de la localización actual del busto en la mencionada institución, ni las relaciones que pudo tener don Juan José de Austria o algún personaje de su círculo con esta entidad. Tan sólo se ha podido localizar una libranza emitida por el bureo de don Juan, por valor de 1.200 reales de vellón, destinados al tesorero de la Orden Tercera, al que se le mandaron librar por decreto de Su Alteza “de limosna para ayuda de la Capilla que están haciendo” en la mencionada enfermería (5). ¿Puede ser este el motivo de su ubicación actual en dicha institución? ¿Se encargó a Dieussart pensando en esta enfermería o, como parece más probable, para alguna guilda flamenca como el resto de los bustos que realizó por aquellos años a los personajes más representativos que pasaron por Flandes?


Fuentes principales:


* González Asenjo, Elvira: “Don Juan José de Austria y las artes (1629-1679)”. Fundación de Apoyo a la Historia del Arte Hispánico. Madrid, 2005.


Notas:


(1) Una de las actividades por excelencia de los Países Bajos fueron las corporaciones o guildas (guildes o guldes). Eran estas concentraciones de soldados unidos en la guilda bajo el patrocinio de un santo, que se habían establecidos desde finales del siglo XIV en las principales ciudades flamencas: Valenciennes, Tournai, Mons, Namur, Lovaina, Bruselas, Malinas y Amberes. Las tres corporaciones más representativas fueron la guilda de los ballesteros de San Jorge, el serment de los albarderos de San Sebastián y los arcabuceros de San Barbe.


(2) AGRB, Cc. Administrative, 388, fol. 12-13r; 387, fol. 595.


(3) AGRB, Cc. Administrative, 387, fol. 59r.


(4) Estella, Margarita (1977), pp. 81-86. Hasta entonces se atribuía a Nicolás de Bussy, pero la inscripción no ofrece lugar a duda: “Fra(co)/DIEUSSA/FANº1657”.


(5) AGS, Csr., leg 219. Sin fecha.